Desde que tengo uso de razón en mi guarda ropa siempre hubo al menos cinco túnicas de nazareno variadas, algo que me pareció muy normal toda la vida  y cada cumpleaños, mi madre me obsequiaba una con algún otro regalo de acompañante.Art1-Batch#4863-Kw1 tunicas de nazareno

No era nada extraño usarlas en mi cumpleaños y en la Semana Santa, la cual usaba junto a mis padres, algo que se convirtió en una especie de tradición familiar que solo seguía sin saber el ¿por qué? de las túnicas en mi familia.

A medida que pasaban los años y crecía me fueron gustando  y no me aburría de ellas, ya que siempre fueron diferentes y a la medida, mi madre buscaba las mejores túnicas, sin escatimar en coste.

En Sevilla, por ser un lugar muy reconocido por la conmemoración anual de la pasión y muerte de Jesucristo, no es de extrañarse que justo allí, encontró una tienda muy reconocida por sus diseños de túnicas de nazareno.

Cuando entré en la etapa de la adolescencia empecé a notar que usar túnicas no era algo común entre jóvenes de mi edad y mucho menos era normal que la usara a los trece años donde solo yo lucía una túnica nueva a la medida en mi fiesta de cumpleaños con mis amigos.

Fue hasta los quince años que mi madre me contó que cuando iba a nacer, hubo complicaciones en el parto y los médicos temían que uno de los dos falleciese y fue cuando hizo una promesa a “Jesús de Nazaret”, si yo salía con vida hasta los dieciocho usaría túnicas en mi cumpleaños y Semana Santa, pero si nos salvábamos los dos, usarían también mi padre y ella las túnicas.

Me costó entender en ese momento cómo mis padres pudieron decidir algo así por mí antes de nacer y hasta los ¡dieciocho años! Porque no mejor hasta los cuarenta y que me casara vestido con una túnica también.

Pero hoy en día entiendo a mis padres y la costumbre de usar túnicas se ha vuelto una tradición en mi familia que pasará de generación en generación hasta que alguno decida romper con ella.